Taller Mexicano de Arteterapia

Jóvenes, Violencia y Arte

Ana Bonilla Rius

Laura Guzmán y Melissa Lara

Arteterapia – Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social Vol. 3/ 2008 (págs: 23-36) ISSN: 1886-6190

RESUMEN
Este ensayo plantea algunas reflexiones sobre la problemática que enfrentan los jóvenes, su relación con la violencia y de que manera el arte puede ser una forma de inclusión social. Se presenta un estudio realizado por un grupo de historiadores que, a lo largo de dos años, trabajaron con varones menores infractores en un taller de arte, al interior de un tutelar de la ciudad de México.

Palabras claves: Jóvenes, violencia, arte, menores infractores, reclusión, identidad.

SUMARIO 1. Introducción. 2. ¿Qué nos quieren decir los jóvenes? 3. Arte desde la Oscuridad. 4. Experiencia con los jóvenes en la Correccional. 5. Primer taller: “arte para todos… desde adentro”. 6. Segundo taller: “rec de la corre”.

Youth, Violence and Art

ABSTRACT

This paper presents some thoughts on the problems facing young people, their relationship to violence and how art can be a form of social inclusion. We report a study by a group of historians who, over two years, worked with male juvenile offenders in an art workshop, the interior of a detention center in Mexico City.

Keywords: Youth, violence, art, juvenile offenders, imprisonment, identity.

CONTENTS 1. Introduction. 2. What does young people want to tell? 3. Art from the darkness. 4. Experience with youth in the Correctional. 5. First workshop: “art for all… from the inside.” 6. Second workshop: “rec de la corre”.

INTRODUCCIÓN

Estudios realizados recientemente consideran que América Latina es la región más violenta del mundo. Los registros anuales muestran que esta zona actualmente tiene el mayor índice de homicidios cometidos en los últimos cinco años, y además, es dos veces mayor que en cualquier otra parte del planeta2.

En el caso concreto de los jóvenes, la violencia se ha generalizado como la principal causa de muerte. Esta va desde accidentes de tránsito y homicidios en particular, hasta violencia organizada, secuestros y asaltos en general. Sin embargo la violencia es uno de los fenómenos más comunes de cualquier sociedad actual, y no son exclusivos de América Latina sino del mundo entero.

La tasa de homicidios en el Mundo refleja que uno de cada cinco homicidios fue cometido por un menor de edad. En su mayoría son hombres, ya que la participación de las mujeres en actos violentos es mucho más baja en relación a los varones. Aproximadamente el 91 por ciento de los delitos son cometidos por hombres y un 9 por ciento por mujeres. Aunque actualmente en ciertos grupos juveniles como es el caso de las maras, la presencia de las chicas ha ido en aumento.

La violencia es una condición innata del ser humano de la que no podemos huir ni escondernos. Si bien, ésta se nos presenta de diversas formas y con particularidades muy concretas; hombres y mujeres la empleamos para conquistar un territorio o defenderlo, para imponer una ideología o una religión, para ganar dinero, para obtener poder o prestigio, también como castigo o reprimenda a los que violan las leyes. La ejercemos en nuestra relación con los otros, para poner límites o para transgredirlos; la llevamos a cabo de forma activa o desde el mutismo y la indiferencia absoluta. Sin embargo, existe una clase de violencia que a mi juicio es absolutamente inhumana, que surge por la falta de necesidades básicas: como la alimentación, la educación o la salud, que obligan a buscar sobrevivir a costa de lo que sea.

Lamentablemente las sociedades de la exclusión oprimen a los más vulnerables. La desigualdad económica que se vive en países del tercer mundo, como es el caso de América Latina, y en concreto de México, esta cada vez más presente, y la violencia desempeña un papel fundamental como mecanismo para mantener el “orden social”, favorecer a las clases dominantes y subyugar a las más desprotegidas, con lo cual, la brecha económica entre pobres y ricos ha crecido de manera desproporcionada.

Es importante reconocer que todas las formas de injusticia, las guerras, la impunidad, el hambre, la corrupción, las luchas por el poder económico, la pobreza, el racismo, aparecen día con día en la construcción de nuestra historia cotidiana, desensibilizándonos frente al dolor y al sufrimiento humano. Será que ¿nos hemos ido olvidando cada vez más de nosotros mismos en pos del tener o del querer ser alguien, como si no lo fuésemos ya? Pareciera como si el sufrimiento de los otros nos fuera ajeno, como si lo único que importa es juzgar a los otros, etiquetándolos como buenos o malos, sanos o enfermos para así poder justificar nuestros actos. ¿Por qué nos hemos olvidado de mirar con nuestra propia mirada, por qué hemos dejado de sorprendernos por todo aquello que nos rodea? Podemos ver una serie cómica en televisión del mismo modo que un asesinato en vivo sin protestar por su contenido. Quizás, el dolor se nos ha vuelto tan cotidiano que ya no podemos distinguirlo, más que cuando atraviesa nuestro propio cuerpo.

Me parece necesario reflexionar sobre la violencia no desde un aspecto ético o moral, no se trata de de juzgarla o condenarla o de pensar sí nos parece intrínsecamente mala o buena, ya que eso es algo que en realidad poco nos aporta y nos aleja del problema. La idea más bien es cómo podemos analizarla, cómo pensarla en términos de todos aquellos aspectos internos y externos que se conectan a ella y la detonan. Como el dolor, el rechazo, el trauma, la incomprensión para razonar, la necesidad de poder, la desesperanza, el miedo, la incapacidad de expresión y por ende la falta de recursos para transformarla.

En el caso concreto de los jóvenes, es cierto que muchos de ellos han encontrado en la violencia una nueva de manera de sobrevivir frente a una sociedad que los excluye permanentemente. Al trabajar con jóvenes uno se da cuenta de que las políticas sociales de integración son nulas y uno se pregunta ¿Cómo pretendemos integrarlos a la sociedad si en realidad nunca han sido parte de ella? ¿Cómo podemos trabajar el tema de la violencia y generar formas de inclusión desde el ámbito artístico, para que no encuentren en la criminalidad una opción de desarrollo?

La mayor parte de los grupos de jóvenes que están ligados a la violencia pertenecen a lo que actualmente se llaman tribus urbanas. Los especialistas les llaman tribus urbanas a aquellos grupos formados por jóvenes que buscan una nueva vía de expresión para intensificar sus vivencias personales con el fin de crear un núcleo que los retribuya afectivamente, de la hostilidad que les ofrece el territorio urbano.

Según el país o la región a la que pertenecen, muchos de estos grupos son denominados como pandillas, bandas, galladas, clicas, parches, maras, chimbas, barras, etc3. Y sus expresiones sugieren que se tratan de grupos juveniles cuyo sentido de la vida está centrado en la violencia, el robo y las drogas. La imagen pública y la visión que la sociedad tiene de ellos es sumamente negativa y se les cataloga como decadentes sociales, y siempre aparecen como estigmatizados y desvalorizados frente a la sociedad.

Pero esto va más allá de involucrarse en situaciones delictivas, me parece que el origen y la convivencia de estos grupos es la de crear una hermandad, una historia común que les permita generar un espacio de reconocimiento y un nexo de lealtad entre los jóvenes, aún cuando cada pandilla tiene sus rituales y sus reglas de funcionamiento. Además de que existen diferencias en sus expresiones, en su forma de organización y por supuesto en la situación de vida y en la historia personal de cada uno de sus integrantes. 

Pero ¿qué los motiva a ser parte de estos clanes? La mayoría de los jóvenes, están convencidos de que viven en un mundo hostil e injusto y de que son ellos los que sufren de este abuso. El unirse a un grupo les permite crear sus propios códigos de comunicación, con el fin de diferenciarse e integrarse a algo que ha venido a suplir el papel de la familia. La necesidad de asociarse para ser parte de un clan es también una manera de compensar la falta de reconocimiento social y por ende, una forma de confrontación con la sociedad que los expulsa y los margina.

En México, muchos de estos jóvenes crecen en familias donde existe abuso y maltrato físico, emocional y psicológico por parte de sus seres más cercanos, con lo cuál desde pequeños aprenden a responder de la misma forma cuando tienen que enfrentar situaciones de enojo o frustración. Desde niños, estos jóvenes viven en un ambiente de conflictivo, sintiéndose amenazados permanentemente y la violencia se vuelve una forma de recrear su realidad. La lucha por sobrevivir es algo cotidiano, la falta de recursos básicos empuja a las familias a tener que trabajar todo el día para poder sobrevivir y se deja de lado la posibilidad de crear espacios de socialización que permita fortalecer su desarrollo personal y social. Esto nos hace reflexionar sobre la escasa o nula comunicación que se establece entre la familia y el joven.

¿QUÉ NOS QUIEREN DECIR LOS JÓVENES?

Para los jóvenes la privación de espacios para desarrollarse los obliga a buscar otros escenarios y la calle se ha convertido en su lugar de expresión. Cualquier ciudad del mundo amanece cada mañana con sus muros tapizados de símbolos. Los jóvenes siempre encuentran la manera de apropiarse de los espacios, de transgredirlos, para decirnos con gritos silenciosos: aquí estamos les guste o no.

El grafitti es su recurso cotidiano, a través de él crean infinidad de trazos, imponiéndo su propio lenguaje, los jóvenes comunican un sin fin de códigos cuyos mensajes son, en su mayoría, indescifrables.

Ellos demarcan su territorio para hecerlo propio, aunque sea solo por una noche. Pero su arte callejero inscribe sus voces con una identidad clandestina, que simboliza cada mañana la libertad de su expresión.

Los chavos se van apropiándo de la cuadra, manzana, parque o cualquier esquina, pero generalmente se les ve como transgresores y delincuentes que solo buscan agredir a la sociedad. Aunque sería importante preguntarnos ¿qué tan real es esta percepción? ¿Es sensato para cualquier sociedad pensar así de sus jóvenes? ¿En verdad somos sensibles para escucharlos, tenemos interés en reconocer la etiqueta social a la que están sujetos? ¿Nos interesa realmente saber lo que nos quieren decir? ¿Tenemos interés en mirar lo que insisten en mostrarnos? ¿No será que la violencia también se deriva de las presiones que socialmente generamos los adultos? Valores impuestos como el poseer cada vez más dinero, él tener que ser alguien importante en la vida, llegan a ser las demandas sociales que exigen una existencia que solo vale desde el deseo de obtener poder, bienes materiales y pretigio, cueste lo que cueste.

La realidad es que al menos en México, los jóvenes viven hoy la violencia y la injusticia día a día en las calles, en la escuela, al buscar un empleo, en el trato con las autoridades. Son marginados por su forma de vestir, de hablar, de pensar. En este sentido, podemos afirmar que la violencia no es exclusivamente consecuencia del incremento de la pobreza, sino además de la pobreza, existen otros aspectos de desigualdad social como la privación, el abandono, la vulnerabilidad, la exclusión, la discriminación, la explotación y por supuesto la violencia.

 

 ARTE DESDE LA OSCURIDAD

En México aproximadamente el 60% de la población penitenciaria sentenciada en centros de reclusión es catalogada como joven, con un rango de edad entre 15 a 29 años. Más del 90 por ciento de los jóvenes que delinquen son varones. La mayoría de ellos ingresan fundamentalmente por venta de droga, robos y secuestros.

Los llamados tutelares para menores, son centros de “tratamiento en internación”, de acuerdo con un diagnóstico de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) la mayoría de los centros de internamiento para menores registran sobrepoblación, abusos -golpes y malos tratos-, hacinamiento y, en lugar de dormitorios, los niños y adolescentes viven en celdas cuyas paredes son “mallas metálicas que semejan jaulas para animales4”.

En México existe un rezago muy grande en relación con la justicia de menores. El 85 por ciento de los adolescentes que van al Consejo Tutelar llegan por insignificancias jurídicas, la inmensa mayoría por delitos como robo o tentativa de robo, lesiones, encubrimiento y los casos de homicidio calificado y portación de arma prohibida son los menos. Existen 54 centros de internamiento para menores infractores en el país y en estos sitios de “readaptación social” lo que predomina es el abuso y el maltrato. Muchos jóvenes consignados por delitos menores, aprenden nuevas estrategias para delinquir, con lo cuál aumenta el riesgo de reincidir por delitos mayores.

Hace alrededor de un año colaboré con un grupo jóvenes egresados de la carrera de historia, que estaban interesados en realizar actividades de arte con menores infractores. Su intervención ha consistido en implementar talleres para trabajar con jóvenes recluidos en titulares, con el objetivo de llevar a cabo actividades artísticas que les permitan expresarse, y realicé con ellos un taller de arteterapia al interior del tutelar.

Al poder estar cerca y observar el proceso artístico que ellos realizan, uno se da cuenta de que crear es una ventana desde la cuál podemos reflexionar sobre nuestra existencia, desde la cuál nos volvemos testigos y dueños de nuestra propia imaginación. y por más muros que existan a nuestro alrededor, las imágenes permanecen haciéndonos compañía, aún en el silencio de esa oscuridad.

Recordar sus miradas es transitar por ventanas silenciosas que me invita a preguntarme ¿qué clase de imagenes acompañan su oscuridad? ¿hay alguien que pueda mirarlas realmente? ¿desde donde acercarse a su significado? ¿cómo podemos señalar su dolor, desde donde mostrarlo sin transgredirlo?

Quizás después de leer el trabajo que han realizado Laura y Melissa en el Tutelar para Varones de la ciudad de México. nos podamos acercar un poco a mirar por esas ventanas que desde la soledad de su silencio, nos invitan.

 

EXPERIENCIA CON LOS JÓVENES EN LA CORRECCIONAL

Como historiadores, percibimos la necesidad de difundir las humanidades a sectores que no están involucrados con este tipo de conocimientos, para crear cierta sensibilización acerca de la condición humana actual y sobre todo comprensión acerca del difícil contexto que vive la sociedad en todo el mundo, pero en específico en un país como México. La enseñanza de la historia a nivel básico y medio en nuestro país está llena de datos que poco se conectan con las sociedades y el aprendizaje significativo, creando en los jóvenes poco gusto por el tema, ningún tipo de relación con ellos mismos y como consecuencia aburrimiento. Nuestra agrupación comenzó con el interés de difundir la historia específicamente a jóvenes, creando nuevas formas pedagógicas que cambien esta perspectiva acerca de esta disciplina. Enfocándonos a aquellos que por sus condiciones económicas, sociales y culturales permanecen ajenos a una educación de calidad. Trabajar con menores infractores que viven reclusos a su corta edad –de los 16 a los 21 años aproximadamente– representó para nosotros un reto en varios sentidos; la correccional es un sitio cerrado, estigmatizado y “secreto” del que nada se sabe. Consideramos pues, que para dar talleres que tuvieran como eje la enseñanza de la historia, debíamos aplicar algún modelo pedagógico que fuera atractivo para ellos y el arte nos pareció una excelente herramienta. Así fue como comenzamos la experiencia de hacer arte con jóvenes inmersos en problemas y vidas llenas de agresión.

PRIMER TALLER: “ARTE PARA TODOS… DESDE ADENTRO”

En el primer taller que impartimos en el 2006 tenía, como lo hemos mencionado con anterioridad, un enfoque histórico a través de la pintura y artistas representativos de la modernidad, cabe señalar que partimos de este periodo histórico por ser más cercano a nuestro contexto.

Comenzar a impartir clases en este sitio fue difícil, en primer lugar porque el grupo no se formó por menores que voluntariamente se interesaran en el aprendizaje del arte y se inscribieran al taller, sino que los psicólogos del Centro designaron según el perfil psicológico del menor, si debían asistir al taller o no. En segundo lugar, los menores que entraron al salón de clases no fueron avisados acerca de la nueva actividad, simplemente los mandaron llamar cuando era la hora del taller, y para ellos representó algo completamente inesperado, no tenían idea de lo que hacían ahí. Comenzamos a hablarles de lo que fue el romanticismo y el realismo en pintura y cómo plasmaba la realidad de una época y de las personas que vivieron, el cambio de las ciudades y de los modos de vida como consecuencia de la revolución industrial. Puesto que una de las características de esta pintura fue regresar a los paisajes añorando un pasado idealizado. Hicimos un ejercicio de paisajes en donde ellos tenían que dibujar el sitio donde les gustaría estar, creímos que por sus condiciones de encierro valdría la pena esta actividad.

La respuesta hacia esta propuesta no fue la esperada ya que no mostraron entusiasmo por el dibujo pues creían que no tenían ningún tipo de talento relacionado con las artes porque nunca se habían acercado a ellas, no le encontraban sentido, y pensaban que ser artista era cuestión del talento de unos cuantos, es decir que desconfiaban de sus capacidades como seres creadores y transmisores de mensajes; así que lo que hicieron fue hacer el ejercicio por salir del paso y copiarle al compañero de junto lo que estaba haciendo.

Ante esta situación consideramos la necesidad de enseñar a estos jóvenes a “destapar” su mente, a estimular su imaginación para que pudieran surgir ideas y plasmarlas en hojas de papel, a que le perdieran el miedo al lápiz y supieran que el arte puede ser un arma muy poderosa por sus dones comunicativos y expresivos.

Acercarnos a ellos y generar un vínculo de afecto y confianza, resultó indispensable para generar seguridad y calidez en el salón de clases, facilitó la relación, sobre todo en un sitio como La Correccional donde no se les permite tomar decisiones propias y son juzgados y vigilados todo el tiempo.

Otro elemento que resultó indispensable para que ellos se sintieran confiados de su trabajo fue enseñarles técnicas sobre pintura, así que relacionamos temas de historia del arte con las técnicas que empleaban los artistas. En este sentido la clase sobre Impresionismo fue ejemplar, les planteamos los temas que los artistas manejaban, sus vidas, intencionalidades, reacción del público, cultura y contexto, así como las técnicas y los colores, el resultado fue la comprensión que se reflejó en su obra, dejando ver avances en su creatividad individual y en la apropiación de los contenidos desarrollados.

Este cuadro hecho por “El Manzanas” nos muestra el impacto que generó la luz, eléctrica a fines del siglo XIX y nos habla de la vida nocturna dentro de un barco utilizando la técnica de usar el lienzo como la paleta de colores.

‘El manzanas’. La noche y el mar, 2006, acrílico

Mural Colectivo. La libertad no es un juego 2006, carboncillo-

Otro factor que contribuyó a su desarrollo creativo fue la movilidad corporal de pie, ya que para ellos fue algo totalmente nuevo. Utilizamos este recurso en varias sesiones: en una ocasión el ejercicio consistió en hacer un mural de gran formato para comunicar al exterior, algún mensaje que ellos quisieran transmitir. La actividad fue un reto para ellos en dos sentidos: primero porque al trabajar en equipo y definir cuál sería el mensaje propicio un ejercicio de convivencia e imaginación y segundo porque dibujar el cuerpo humano era algo que nunca habían hecho y tuvieron que tomar al otro o a sí mismos como modelo, generando un acercamiento físico entre ellos. Esto también resultaba extraño pero dio buenos resultados, ya que a partir de entonces el grupo se mostró más integrado.

Los mensajes de los murales resultaron sumamente reveladores porque nos hablan de su posición como reclusos, de su identidad, de sus anhelos y reflexiones (cuestión que nos llevaría a desarrollar otro taller que tuviera como eje la identidad y el arte, tema que se tratará más adelante).

Nos percatamos en el transcurso del taller de lo mucho que les llamaba la atención los temas relacionados con el uso de drogas, la sexualidad, la violencia, la sátira, la locura, etcétera, y decidimos utilizarlos como alternativas para llamar su atención, aunque siempre con un enfoque que los hiciera Mural Colectivo. La libertad no es un juego, 2006, carboncillo reflexionar. En este caso, un tema que los acercó directamente a su interior permitiendo una introspección, fue el tema del Expresionismo, en donde se trató abiertamente la situación que se vivió durante la Gran Guerra y de qué manera los artistas involucraron sus trágicas y violentas vivencias con el arte. A partir de esto les pedimos que hicieran una máscara donde moldearan con plastilina las facciones que quisieran; sentimientos y gestos, siguiendo los postulados expresionistas. Este ejercicio duró varias sesiones porque pusieron mucho empeño en ellas y realmente reflejan estados de ánimo que se relacionan directamente con ellos.

Los temas son muchos (el taller duró seis meses) y de cada uno podríamos narrar experiencias muy ricas, sin embargo, nos gustaría rescatar el caso de cuatro jóvenes que vivieron cambios profundos gracias al conocimiento y la práctica artística. “Tlahuac”, así le apodaban a este chico – ya que así se llama el barrio de donde viene-, entró al taller porque su psicóloga sabía que dibujaba muy bien y sí, Marco, como es su nombre verdadero, tiene un talento nato para dibujar que nos dejó impactados desde la primera clase. Sin embargo su creatividad era limitada, así que todo lo que veía lo copiaba a la perfección. Durante el desarrollo del curso se mostró muy interesado, era constante, aunque callado e introvertido, pero siempre hacía los ejercicios y desarrolló una capacidad imaginativa impresionante que lo hizo dibujar cosas que salían de su cabeza y dejó de copiar.

Edgar en cambio, era un chico muy extrovertido que todo cuestionaba, se desenvolvía con facilidad ante los demás y era líder de su sección. Inmediatamente se mostró entusiasmado por el taller pero siempre hacia el lado reflexivo, en verdad “El Cambujo”, apodado así por el tono de su piel, se quedaba pensando mucho tiempo antes de realizar sus dibujos, los cuales muestran mucha reflexión, trabajo interno y temáticas de denuncia.

Miscelanea de sentimientos, 2006, cualquier cosa: “

¿cómo se dibujan los ojos? acrílica sobre papel maché

Amigo de Edgar, un chico muy sensible apodado “El Manzanas” demostró desde el principio tener muchas ganas de aprender sobre el arte, tanto su historia como las técnicas, preguntaba cualquier cosa: “¿cómo se dibujan los ojos? acrílica sobre papel maché ¿cómo se hace el color café? ¿cómo le hago la nariz a mi máscara?…” todo era motivo de preguntas para Jaime, quien nos dijo haber aprendido muchísimo: “Mencionó que saliendo de la cárcel, iba a seguir practicando la pintura, la cual le había servido mucho para olvidar que estaba encerrado, para quitarse el estrés”. Jaime sintió gusto y preferencia por crear pinturas abstractas, porque decía que al crearlas se relajaba.

Manuel, “El Bola Ocho” también mencionó que saliendo de la correccional iba a tomar talleres de pintura porque era algo que le hacía bien. Sus conocimientos sobre arte crecieron de manera notoria, tomando en cuenta que era un chico que se drogaba mucho y por lo tanto su retentiva había disminuido considerablemente. Manuel también era introvertido y callado, pero siempre hizo las cosas con mucha minuciosidad, era detallista y reflexivo.

Es imprescindible el destacar que todas estas cualidades que narramos en el texto, poniendo como ejemplo los casos más destacados, eran cualidades que ellos no sabían que tenían y que, descubrirlas contribuyó al desarrollo de su autoestima y de su sensibilidad porque la sociedad y ellos mismos siempre los han etiquetado como delincuentes, seres insensibles, problemáticos y agresivos y de esa dinámica no salen.

SEGUNDO TALLER: “REC DE LA CORRE”

Al iniciar el 2007, comenzamos a planear el siguiente taller que daríamos en la Correccional, en esta ocasión atendimos las vivencias y reflexiones que aprendimos durante el curso anterior y decidimos llevar a cabo actividades menos académicas.

Fue un gran reto para nosotros como historiadores alejarnos de la manera que tradicionalmente se imparte la Historia desde la educación básica, la denominada historia de bronce y decidimos acercarnos a un enfoque más antropológico, observando los trabajos que llevaron a cabo, sus costumbres, vocabulario y hábitos. En esa ocasión nuestro objetivo era encauzar a una introspección que les permitiera reflexionar sobre su identidad dentro y fuera de la Correccional. Los dispositivos fueron por un lado, el arte contemporáneo a través de temáticas como: arte objeto, esténciles, video, entre otras. Así como temáticas dirigidas a los aspectos antropológicos como un diccionario de su léxico, construcción de “La Raza Corregenda” y de la masculinidad de acuerdo a su contexto y cosmovisión.

Las autoridades del centro nos pidieron implementar el taller con menores infractores de otra sección, cuya principal característica es que son un poco más grandes (de 17 años en adelante), esta diferencia generalmente implica mayor experiencia en la dinámica del centro y reincidencia, por lo tanto tienden a ser más dispersos, apáticos y escépticos. Esto provocó que su asistencia y trabajo fuera inconstante y las actividades que previamente habíamos planeado se fueran ajustando al desarrollo que íbamos observando.

Por políticas internas el lugar del taller también cambió y de trabajar en un aula destinada a la impartición de clases, nos cambiaron al comedor, que al ser totalmente un espacio suyo, ellos dirigían la situación y nosotros estábamos supeditados a su territorio, puesto que de alguna manera nosotros éramos los invasores. La población fue aun más fluctuante, incluso llegaban chicos que no conocíamos e insistían en formar parte del grupo, dificultando aun más nuestra planeación, teniendo que re-estructurarnos semana tras semana.

A pesar de estas variantes obtuvimos resultados satisfactorios en los que logramos que los muchachos reflexionaran acerca de su identidad y la relación con “el otro”, tal fue el caso de la Construcción de la Masculinidad5. Durante este ejercicio les pedimos que dibujaran un elemento que representará un hombre y después seleccionaran y recortaran elementos de revistas que necesita un hombre para serlo ante la sociedad. Obtuvimos dos imágenes totalmente opuestas, por un lado un hombre al centro de la hoja que vestía ropa y accesorios de marcas reconocidas, lentes oscuros, tatuajes, una botella de vodka en una mano, una gran arma en la otra, así como largos y abundantes bigotes muy al estilo de los que debe tener un auténtico macho mexicano.

Contrariamente, otro equipo hizo una silueta de un ser humano que estaba rodeado por diversos elementos divididos en cuatro secciones que representaban diversas facetas de los hombres, desde el que es conocido en México como el “fresón” (es decir, un chico de la clase alta con gustos y maneras convencionales); el hombre sensible a la naturaleza; héroes de la historia como Benito Juárez; hombres honestos y amorosos y el hombre de negocios rodeado de lujos y mujeres. Para finalizar, cada quien explicó lo que debe ser un hombre de acuerdo a lo que habían hecho y se mencionaron los diversos papeles que el hombre desarrolla en la sociedad como padre, hermano, tío, compadre, hijo, amigo, enemigo, novio, esposo, etc. lo que les permitió caer en cuenta que ellos no se pensaban a sí mismos en todos los papeles que en realidad desarrollan como hombres a lo largo de su vida.

La realización de esténciles fue un tema con buena recepción, en un principio por su carácter callejero y clandestino, posteriormente les emocionó la idea de “gritar” en las calles ya que los manejamos como medio de expresión para que la gente que los viera en la vía pública pudiera leer sus mensajes, que fueron realmente reveladores: “Valora la libertad… Culero”, Kemala (marihuana) no tu felicidad”, “Queremos visita conyugal”, “Police: eres culo ¡Serdo!”, “Punk not dead”, “Las grandes ideas no llegan… se fuman”, entre otros que siempre iban acompañados de la leyenda: “Rec de la Corre” que significa recuerdo de la correccional.

Wuazon. Queremos visita conyugal, 2006. Estencil

Jair. Valora la libertad culero. Estencil, 2006.

Precisamente respecto a estos “Recs de la Corre”, son un especie de tags que marcan su territorio, pues para ellos delimitar su espacio es fundamental como símbolo de poder y fortaleza; estas firmas incluyen: apodo, barrio de donde vienen y tiempo que permanecerán en la Correccional, por ejemplo: “Rec de la Corre – Miclo – OBS (abreviatura que usan para la colonia Observatorio) – 2006 /009”. Los menores aprovechan conyugal, 2006. Estencil. culero. Estencil, 2006. todas las oportunidades que se les presentan para marcar en cualquier superficie su recuerdo, para dejar esa constancia de su existencia y paso por la Correccional. Observando esta costumbre, les pedimos que los hicieran con pinturas sobre diversos soportes, resultaron diseños muy creativos con colores vistosos en letras de diferentes tipografías. Los chavos se sintieron orgullosos de hacer su firma de manera formal, de sentirse reconocidos como menores infractores. Incluso “El Pointer” puso su larga curricula delictiva, él tiene 19 años y ha estado recluido en tres ocasiones, en lugares diferentes desde los 13, ya nos había contado su historia pero al tener la oportunidad de formalizarlo no dudó en incluirla detallando los tres lugares en los que ha estado, mencionando entre orgullo y tristeza que: “El ya no quería volver a estar encerrado, que sí era necesario se iría de su casa pues con su familia siempre terminaba robando, que mejor viviría con su tía”

Cabe señalar que Daril -su verdadero nombre- fue un caso sobresaliente, él entró en la última parte del taller, habló con nosotros para pedirnos una oportunidad, nos aseguró que en verdad quería trabajar y que a él si le gustaba “eso del arte”, su entusiasmo y dedicación fueron evidentes, se veía realmente concentrado pintando y además de disfrutarlo hubo un trabajo reflexivo.

“El Pointer”, jugó también un papel importante en nuestra siguiente actividad, que fue la realización de un video documental sobre el trabajo que hacemos con ellos, la manera en que nos relacionamos y elementos materiales que determinan su identidad al interior del centro. Daril se interesó en tomar la cámara de video y aprender sobre el manejo, planos y dirección, le gustaba experimentar y hacía propuestas para la posición de cámara, incluso comentó que le gustaría dedicarse a eso, a “ver lo que pasaba con una cámara, grabarlo y que los demás lo vieran”. 

El resto de los chavos también se veían entusiasmados y curiosos de que hubiera equipo de audio, video y personas externas que formaban parte del equipo de grabación, dentro de las cosas que les agradó destacamos el hecho de poder verse a sí mismos pues en la Correccional por cuestiones de seguridad no hay espejos, así que nos pedían que los enfocáramos para poder verse en la pantalla de la cámara, (cabe señalar que eso nunca se pudo registrar, ya que por motivos de respeto a sus derechos está completamente prohibido revelar su identidad), igualmente les agradó la idea de que más personas supieran de ellos, que existían, lo que pensaban, sentían y hacían, debido a que en ese momento ellos dejarían de ser solamente una cifra, internos X que pierden su identidad al vestirse igual y peinarse igual que otros 600 menores infractores.

En esta etapa nos topamos con una gran paradoja, que fue realizar un documental que abordara su identidad sin poder revelarla, sin que hubiera caras, ni nombres; lo resolvimos haciendo máscaras con vendas de yeso usando su propias rostros como moldes.

El ejercicio sin darnos cuenta, terminó planteando también el reflejo de su ser, a través de un grabado de su propio rostro que decoraron libremente y embonaba a la perfección con sus facciones, esas piezas adquirieron mucho valor para ellos y no permitieron que alguien más las usara o el ponerse una ajena, ya que inmediatamente sentían que no les correspondía. Nosotros, al aplicarles las vendas y moldear sus caras tuvimos un contacto físico de nuestras manos con sus máscaras que no habíamos experimentado, y nos permitió estrechar nuestra relación e incrementar la confianza de manera reciproca.

Siguiendo con la cuestión de la identidad, en una sesión llevamos diccionarios para buscar palabras poco comunes o chuscas y leer la definición, luego a manera de ejercicio escribimos en un pizarrón “piropo” y les pedimos que la definieran, el resultado fue: “Poema que el hombre mexicano le hace a una mujer hermosa”. Posteriormente en equipos comenzaron sus propios diccionarios con la jerga de la Correccional, definiendo cada palabra. En esta ocasión observamos que la mayoría tenia connotaciones sexuales con sentido machista; el sonido de la “ch” es reiterativo y dejaban ver el tipo de relaciones de intercambio que se dan en el Centro, por ejemplo:

– Araña.- Chavo que se la pasa tejiendo para otros (tejedor).
– Borregón.- Acción de acusar a la Banda.
– Carcelearse.- Acción de ponerse triste por estar pensando en la calle.
– Carnero.- Chavo homosexual, que le gusta el pene.
– Chachomear.- Acción de ponerle el pene a alguien en cualquier parte del cuerpo.
– Chicha.- Pedazo de toalla usado como instrumento para hacer el aseo.
– Jaspia.- Nombre para la comida que sirven en la Correccional.
– M-Force.- Hombre que esta muy caliente y pensando en sexo.
– Mostro.- Guey que hace todo lo que le digan sin quejarse /ser el mostro de alguien.
– Yumbina.- Mujer depravada que solo piensa en sexo.
– Tutear.- Acción de percibir olores.

La elaboración del diccionario fue divertida pues además de escribirlo, pudieron grabar el audio de todo el proceso y el resultado. Al final platicamos sobre los elementos comunes de su léxico, terminamos unificándolo y creando “El Diccionario de la Real Academia Corregenda”, nombre propuesto por ellos mismos.

Otra sesión pensamos en la palabra “Raza” e hicimos grabado de las imágenes que podrían representar esta palabra, posteriormente escribimos diferentes ideas, definiendo a la Raza de la siguiente manera: “La raza es la pura banda y la estación del metro que queda cerquita de mi casa. La raza es “familia” y es lo que nos distingue de la gente y de los perros. Raza es lo más corriente. La raza es una palabra de cholos. La raza para mí es mi familia. La raza es la mezcla sanguínea de España, judeo, arábiga, greco y latina, con un toque de África negra, de la cual proviene mi pueblo. Pensando en “La Raza Corregenda” entre todos los chavos sacaron las siguientes características identitarias: fuertes, violentos, delincuentes, corrientes, cholos, desmadrosos, familia, salvajes, aventureros, férreos, equipo, mestizos, proletariado… esto es justo lo que define a la Raza Corregenda.

A lo largo de esos dos años de trabajo y convivencia con menores infractores, hemos concluido que las actividades artísticas proporcionan beneficios cuantiosos en personas que han tenido dificultades de expresarse a lo largo de su vida, porque además del reto individual que para ellos representa, al hacerlo se sienten reconocidos y ello siempre resultará benéfico para el crecimiento personal de cualquier ser humano.

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1 Licenciada en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Master Arteterapia, UCM.

2 Rodríguez, Ernesto. “Juventud y violencia en América Latina”. Revista Desacatos, núm. 14, primavera-verano 2004, pp.36

3 Liebel, Manfred. “Pandillas juveniles en Centroamérica o la difícil búsqueda de la justicia en una sociedad violenta”. Desacatos, núm. 14, primavera-verano, pp.86.

4 González, Ma. de la Luz. Los jóvenes internos por delitos menores. Para infantes justicia sin derecho. En http://www.cimacnoticias.com/equipo/mgonzalez.html

5 Cabe señalar que este ejercicio ya se ha llevado a cabo por La Lleca, proyecto artístico de intervención, acompañamiento y educación radical.

BIBLIOGRAFÍA

CASTILLO BERTHIER, HÉCTOR. (2004) “Pandillas, jóvenes y violencia”. Desacatos, núm. 14, primavera-verano, pp.105-126. México D.F., Ciesas.

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ArteterapiaPapeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social Vol. 3/ 2008 (págs: 23-36) ISSN: 1886-6190